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23 junio 2014

KidZania, un sueño compartido por marcas y niños

¿Qué sucede cuando los sueños de una marca y los de un niño encuentran el escenario ideal para relacionarse sin los adultos que ejerzan de intermediarios o protectores? Realmente esto es algo de cada día, pero cuando surgen negocios que lo hacen súper explícito, hay alarmas que saltan.
Kidzania es una cadena (franquicias) de parques temáticos que reproducen "una ciudad a escala infantil, con edificios, calles pavimentadas, vehículos, una economía funcional y destinos reconocidos, en la forma de establecimientos con el patrocinio y las marcas de empresas líderes nacionales e internacionales".
Así se describe este negocio que actualmente tiene 16 centros abiertos y que llegará a los 23 antes de 2016. Está dirigido a niños de entre 4 y 12 años que pueden ejercer en torno a 100 profesiones distintas. Los niños reciben una remuneración por los trabajos realizados para empresas como Nestle, Coca-Cola, DHL, Starbucks, Hyundai, Sbarro, Emirates, McDonalds, BBVA y otro buen número de marcas internacionales. Además, cada parque tiene también socios locales.
Por ejemplo, en Tokyo, -la primera ciudad donde se abrió el primer parque fuera de Mexico-, celebra su octavo aniversario asociados completando su panel de firmas internacionales (unas 50) con otras 30 locales como Shiseido, KAI, Nissei, ANA, Daiwa House o IDEMITSU.
Kidzania fue fundado en 1999 por Xavier López Ancona. 15 años después él mantiene la propiedad de los centros mexicanos y el resto son franquicias. El objetivo ahora son los Estados Unidos y el lanzamiento de una película. ¿Lo conseguirán?
Mientras tanto, Kidzania despierta las iras de quienes lo consideran un laboratorio para experimentar con los niños, convertirlos en consumidores autómatas y hacerles creer que es el modelo de mundo perfecto. Sin embargo, más allá de las marcas, cuenta con el apoyo de quienes lo consideran "educational entertainment", y una ayuda para desarrollar capacidades de organización y responsabilidad.
Philip Kotler, después de visitar Kidzania Jakarta, comentó: “I’ve always said that companies have to do more than just make products and make money, they also have an impact on society. They should contribute to the education of the future generation, who will be managing the world in the future. And your system allows them to manage the world better. KidZania is the best example of a marketing 3.0 company.”

Sin haber visitado ninguno, no puedo emitir un juicio, pero parece un caso a seguir de cerca.














MÁS EN:

http://www.kidzania.com/ http://www.merkaccesible.com/blog/kidzania-mas-que-un-juego-de-ninos/ http://www.elquintopoder.cl/educacion/kidzania-reescribiendo-el-mundo-que-no-queremos-leer/ http://www.huffingtonpost.com/steve-mariotti/kidzania-a-wonderland-for_b_2404571.html http://www.leidenanthropologyblog.nl/articles/kidzania-object-lessons-for-children-in-consumer-societies http://www.businessweek.com/magazine/content/11_22/b4230085996598.htm

25 abril 2014

El mal gusto como recurso: Twitter y otros ejemplos

El mal gusto como recurso no es algo nuevo y, desgraciadamente, sigue funcionando. Muchas veces, apoyado por nuestro morbo o por una malsana curiosidad que nos hace cómplices de quienes utilizan el recurso más fácil. Hoy es el #DEPTito que alguien ha lanzado en Twitter, dando por fallecido al exentrenador del Barça, Tito Vilanova. Oportunismo y mal gusto al servicio de una notoriedad que repugna, y que debería llevar a preguntarnos "¿Por qué?" Otras veces son titulares pensados para que pinchemos un link (¡cuánto saben de esto algunos diarios!). También fotografías manipuladas o compartidas sin pensar en quienes en ellas aparecen. Imposible no pensar en la sexualización de muchas campañas o en el humor más burdo para ser el centro de una conversación. Lamentablemente, podríamos elaborar una lista bastante extensa. Las reacciones en contra de estas formas de "comunicar" ayudan a esclarecer la mala intención o la indolencia que provocan actos como el #DEPTito. Sin embargo, al denunciarlo ¿hasta qué punto contribuimos al objetivo de quien lo lanza? 
Está claro que la mejor forma de hacer algo es reflexionar sobre nuestra propia actuación "¿Cedemos espacio al mal gusto como recurso para que nos miren o lograr unos objetivos?". En el caso concreto de hoy ¿acierto hablando inmediatamente sobre este hashtag tan desagradable? No lo sé. ¿Creéis que Twitter debería actuar en casos como éste?