06 septiembre 2012

¿Imponerse o no imponerse?

El desarrollo de las ideas pasa por la buena dirección. En opinión de Robert Sutton, los mejores directivos se caracterizan por tener convicciones arraigadas. Están convencidos de que su visión de los empleados es incompleta; se centran en "pequeñas victorias" que sirven para progresar a diario, y no sólo en un gran diseño estratégico; protegen a los empleados de intrusiones; son suficientemente audaces para mandar y, a la vez, suficientemente humildes para saber que con frecuencia se equivocan; facilitan al máximo la innovación, pero saben frenar las malas ideas; acentúan lo positivo, y se dan cuenta de que cómo gestionan es tan importante como qué gestionan.
Sutton considera que hay cierta "tensión" entre no imponerse e imponerse demasiado. Los que se imponen mucho, intimidan y ponen en peligro el ambiente; los poco exigentes no logran las metas ambiciosas que permiten entusiasmar. 
Por eso, los buenos jefes son "moderadamente exigentes". Este equilibrio parece crucial: algunos estudios lo sitúan entre las cualidades más valiosas de los directivos, por encima del carisma o la inteligencia. La flexibilidad y la competencia social ayudan a no ser amenazadores o "micro-gestores". Un arte delicado que los directivos deben aprender: la época de los "dictadores" ha pasado ya, pero, al mismo tiempo, un líder necesita carácter. 
En las organizaciones efectivas la gente discute y se "pelea". El jefe no debe impedirlo. Al revés, parte de su tarea consiste en crear las condiciones para que "pelearse" sea seguro.

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