16 abril 2014

Dirigir es integrar

Abraham Lincoln (1809-1865) es un personaje bien conocido en la historia, prototipo de líder magnánimo e inspirador. De Lincoln se puede aprender mucho: a tener grandes ideales (cosas que parecían imposibles, como la abolición de la esclavitud); a ser generosos, sabiendo perdonar; a contar grandes historias y tener sentido del humor (quienes estaban a su alrededor lo pasaban francamente bien); a superar dificultades gigantescas (las tuvo de todo tipo: familiar, personal, político...); a leer mucho (casi no tuvo educación formal y lo aprendió todo en los libros que devoraba). También fue un entusiasta del teatro, por cierto.
Fue un político de miras altas, pero también astuto y capaz, con un sentido del "timing" impresionante. Pero quizá lo más llamativo es cómo forjó relaciones de trabajo con supuestos "enemigos", dentro y fuera de su partido; grandes personalidades como Seward, Bates, Chase o Stanton, las piezas clave de su "gobierno de rivales". Ninguno tenía buen concepto de Lincoln. Pero él conocía sus cualidades y los integró en su equipo, ganándolos con paciencia para su causa. Para lograrlo tuvo que pasar por alto con elegancia ofensas, rencores y desacuerdos. Un buen ejemplo para directivos y personas interesadas en alcanzar grandes metas trabajando en equipo con muchas otras personas.