25 junio 2012

¿Eficacia o burocracia?

La innovación es fuente de oportunidades. Con frecuencia, supone adelantarse a la competencia o imitar a los mejores. Es el efecto que a veces logran las organizaciones flexibles, que "aligeran" procesos y limitan la influencia “encorsetadora” de la burocracia.
La necesidad de mejorar la eficacia, la rentabilidad y la productividad está en el origen del management desde el propio Frederick W. Taylor, el personaje de la foto. Taylor (1856-1915) pensaba que a través de la "ciencia" del management se podría predecir qué quieren las personas, produciendo mejor y más barato.
Pero la batalla contra la ineficacia provocó como contrapartida el aumento de la burocracia. Y los indudables logros del management contemporáneo se encontraron con el panorama descrito por Hamel (2009): “a medida que el ritmo de los cambios se acelera, más y más empresas descubren que se encuentran en el lado equivocado de la curva de cambio (…) En la actualidad, el futuro no pilla por sorpresa a alguna que a otra compañía, sino a industrias enteras: las aerolíneas tradicionales, los grandes almacenes de mentalidad clásica, los servicios de radiodifusión, las grandes farmacéuticas, los fabricantes de coches, la prensa o la música, son sólo algunos ejemplos”.
Varias de las industrias citadas por Hamel son industrias de los medios. Las empresas más rentables destacan por su capacidad innovadora. El valor en bolsa de Google, por ejemplo, se incrementó un 420% entre 2004 y 2009 cuando la media de crecimiento era del 8%. Y eso ocurrió mientras empresas como Yahoo! perdían la mitad de su valor en bolsa.
¿Cómo incrementar la eficacia y la productividad sin que crezcan la burocracia y el control, que asfixian la creatividad y el crecimiento? Proporcionando ideales y valores mejores y más altos. Pero sobre eso ya hablaremos otro día.