30 junio 2010

Entre no imponerse e imponerse demasiado...

Robert Sutton sigue desgranando las "las doce convicciones de los buenos jefes", que ya comentamos en el blog. En este post explica la tensión entre no imponerse e imponerse demasiado. Los que se imponen mucho intimidan, y ponen en peligro las relaciones con los empleados. Pero los poco exigentes no logran las metas que pueden motivar a sus empleados.
Sutton explica que los buenos jefes son "moderadamente exigentes". Este equilibrio es crucial y algunos estudios lo sitúan entre las mejores cualidades de los directivos, incluso por encima del carisma y la inteligencia. La flexibilidad y la competencia social ayudan a no ser amenazadores o "micro-gestores". Un arte delicado, que los directivos deben aprender para no exigir demasiado...ni demasiado poco. Ya ha pasado la época de los dictadores, pero un líder necesita carácter.
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http://blogs.hbr.org/cs/2010/06/the_delicate_art_of_being_perf.html